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Sunday
15
APR

Clausura: Una casa que dejé, una casa que me dejó

14:00
21:00
Galería Tu Mamá
Event organized by Galería Tu Mamá

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Una casa que dejé, una casa que me dejó | Mariana Paniagua

Clausura: domingo 15 de abril
a partir de las 2pm en Galería Tu Mamá
luego vamos todos por pulques o algo así

Galería Tu Mamá
4a Priv. Emiliano Zapata 42-1
Barrio La Asunción, Xochimilco
Ciudad de México

galeriatumama@gmail.com
Tel. 56768364

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UNA CASA QUE DEJÉ,
UNA CASA QUE ME DEJÓ
Mariana Paniagua

Texto: Rodrigo Ramírez

"…Y a pesar de todo eso, me sentía muy tranquilo
y paciente, y sentía una singular superstición en
la virtud de ciertas cosas. Una paloma que había comprado,
un paseo en canoa, una cañada que la montaña me escondía,
podían ser para mi una verdadera fuente de consuelo."

-Hölderlin

El trabajo de Mariana Paniagua parece girar siempre en torno a una preocupación fundamental tan antigua como el ser humano. Su trabajo encara la tragedia de hallarnos en el mundo, conscientes del carácter pasajero de la existencia y desprovistos de sentido.

Su relación con el cuerpo parte de la misma premisa: la experiencia contingente y pasajera a la que está atado por su carácter fútil y perecedero.

El trabajo de Paniagua regresa a mirar lo más fundamental para hacernos ver que en ese fundamento no existe un sustento o un refugio que proporcione seguridad alguna.

La presente exposición está conformada por una serie que parte de dos motivos en relación a la noción de pérdida. Uno en relación al deseo de poseer o de recuperar algo que se va y por otro lado, aquello que es imposible de poseer.

Una casa que dejé es la necesidad utópica por encontrar la calma, o la búsqueda ardua e inalcanzable por tratar de hallar el hogar, el sosiego o el amor en una realidad que nos confronta una y otra vez por su carácter crudo y absurdo. Esta postura trágica y a su vez existencialista surge de la pérdida del ideal romántico, de la confrontación con aquello que se escapa de nuestro control.

Una casa que me dejó, surge en razón de la idea de la pérdida de aquello que en algún momento nos mantuvo en calma. Es la pérdida del hogar, la pérdida del cuidado materno, de la belleza de la infancia. Es la toma de conciencia de la ausencia de aquel momento idílico en el que el ser humano siente el abrigo y el cobijo del momento atemporal de la niñez.

La artista aborda pictóricamente estos temas desde un aspecto representacional pero al mismo tiempo plástico. Se puede ver el proceso de trabajo a través de la serie. Pareciera que en las primeras pinturas Paniagua está intentando plasmar una imagen, la imagen visual de un recuerdo que ella visualiza y posteriormente plasma en el papel. Sin embargo, se puede ver, a partir de una cierta evolución plástica y la búsqueda por acceder a un recuerdo cada vez más inconsciente y vívido, que la artista abandona todo intento de representación, para acceder a la sensación del recuerdo, para traer de vuelta lo real y hacer una pintura-recuerdo que no es un intento por pintar la memoria sino crear una pintura que es recuerdo en sí, una pintura que da acceso a la sensación corporal de la memoria y en ese sentido, se convierte en el recuerdo-materia. La memoria no existe sino como experiencia y la experiencia corporal del tiempo es atemporal.

Las últimas pinturas que realizó la artista nos conducen a experimentar “la noche de los tiempos”, nos dan acceso a un mundo atemporal del recuerdo que se nos presenta tan inmenso como el mundo. Es el principio de los tiempos que surge desde el cuerpo-mundo. En esta serie, Paniagua nos muestra aquello en nosotros que nos mira desde fuera, lo que en nosotros es ajeno a nosotros, lo otro radical por donde se asoma lo indeterminado.

En este sentido, el trabajo de Mariana Paniagua nos conduce a ver “ la imagen que falta”, el hueco de aquello que no se puede representar, aquello que está plasmado como ausente. Su pintura nos quiere mostrar la sensación del recuerdo que es tan abierta como el mundo, la sensación de aquella presencia. La imagen queda ausente y queda puesta en escena un tiempo en transición como el momento vívido que el cuerpo trae a la memoria y viene acompañado de dolor, luz, olor y sensación corporal. El carácter onírico de sus pinturas nos hace acceder a la atemporalidad de la evocación, y en ese sentido pierde todo carácter anecdótico para acceder a lo poético. Paniagua pinta el recuerdo de todos los recuerdos. Uno puede ver su propia vida ahí o su trabajo puede captar la sensación de nuestros propios recuerdos porque a través de su pintura la artista es capaz de mostrarnos aquello que no sabemos nombrar cuando intentamos traer al presente la experiencia de toda memoria.