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Saturday
28
APR

Solo Vivimos Consumidos Por El Fuego

12:00
18:00
IMJUS
Event organized by IMJUS

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Entrada Gratuita
*Cupo Limitado

28 de abril de 2018
12:00 a 18:00

Reserva tu lugar y obtén más información: miriam.escobar@imjus.org.mx

En sus Cuatro cuartetos, T. S. Eliot, narra un viaje tanto exterior como interior. Es la historia de un hombre en busca del sentido de su propia existencia.

Un camino que inicia en San Luis Missouri y termina en Little Gidding. Un hombre que poco a poco se ha ido desprendiendo de todo su pasado: de su religión, de su nacionalidad y hasta de su voz poética. Ahora está donde sucede el fin del mundo: Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. Pero este hombre hace tiempo que ha elegido su propia flama, su propia pira: su fe ardiente le permite sacrificarse por los demás. Por eso todas las noches vigila el cielo de Londres y avisa de los incendios provocados por las bombas, arriesgando así su propia vida. Es un hombre que está convencido que la luz prevalecerá. Alguien que cree firmemente en el poder de la oración. En la importancia de la Historia y de la Memoria. Y, además, es un poeta consumado que quiere expresar todo esto de la mejor manera posible. Encuentra sus modelos a seguir en Dante y en los poetas metafísicos ingleses. Eliot encontró una nueva voz poética gracias a la composición de los Cuatro cuartetos, una voz que le permitió compartir con sus lectores su propia experiencia de la trascendencia.

Y ésta es la idea central de todo el poema: lo trascendente es accesible para el hombre; el hombre puede vivir la experiencia de lo eterno; nuestra muerte siempre nos acompaña. Pero para poder hacer esta experiencia de la trascendencia desde la cotidianidad necesitamos, primero, realizar ese peregrinaje espiritual que nos lleva, a través del silencio, la quietud, la ascensión y la purificación, a ese espacio sagrado donde podemos participar de lo eterno.

Y, sin embargo, Eliot no deja de ser un poeta moderno, tal vez el más moderno de todos los poetas del siglo veinte. Él sabe que vive en un mundo sin fe, rodeado por personas olvidas de sí mismas, distraídas de la distracción por la distracción, ensimismadas. Es consciente de que él mismo ha realizado actos que han dañado y lastimado a otras personas, que ha sido soberbio, egoísta y ególatra. Que por más que ha tenido experiencias que lo han situado a las puertas de la intemporalidad, él ha vuelto a caer, una y otra vez, en la red del ayer y el mañana, el recuerdo y el anhelo, lo que fue y lo que pudo ser. Nunca ha conseguido la santidad. Nos queda la paradoja de un hombre que quiso ser un ser un santo por encima de ser un poeta, pero que se volvió el más grande poeta, precisamente, porque no consiguió ser un santo.

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